De epidemias, pandemias y otros cuentos de aparecidos.

H1N1, ántrax, dengue, gripe aviaria y pare usted de contar. Nombres que escuchamos con cierta frecuencia por estos días… y además acompañados de las fin-de-mundo-tipo-de-palabra: epidemia, pandemia, peste, plaga… ¡Uy! ¿Pestes? ¿Plagas? ¿A estas alturas de la humanidad? Da miedo saber que el zancudo cuyo zumbido no le deja dormir pudo echarle un mordisquito al vecino que tiene dengue. Se le eriza la piel al escuchar que el hermano de un amigo es parte de una enfermedad que se riega por el mundo mas rápido que rumor de muerte de artista en Twitter y usted ni tiene claro si la gripe era cochina o cuál era el zaperoco. Mis colegas, los paranoicos, al llegar el estado de cuenta de CANTV por esos días en los que el ántrax era la moda, pensaban dos y tres veces antes de tocar el sobre. En fin, están por todas partes, nos acechan: en la esquina esperando que usted descuide para atacar, en la cola del mercado y en la parada del bus, en el gimnasio y el trabajo. Aja, así mismo es: ¡pandemia pa’todo el mundo!  ¿Sabe por qué? porque no se queda en enfermedades… ¡no! Súmele a estos males el mal humor, el pesimismo, la amargura, el estrés y todas esos achaques que nos inventamos. Estamos llenos de pestes. Llenos de peste… suena feo. ¿Qué esperanza se puede tener luego de semejante afirmación? Bueno mantenga esa esperanza ahí, intacta: y es que sí hay algo bonito, sí. Bello, mejor dicho. Fíjese que no solo lo abominable se pega: todo se contagia. Entonces cada uno debe preguntarse: ¿Qué voy a contagiar yo? ¿ Seré ántrax o sonrisa? ¿ Dengue o buen ánimo? Es muy sencillo elegir: le aseguro que todos decidimos ser un eslabón en la cadena de lo hermoso del mundo. Lo medio complicado viene después: ser verbo, o sea: ACTUAR, HACER.

Encontrábame yo en un banco, minutos después de un atraco, diciendo a los cuatro vientos improperios y comentando con cuanta persona se me acercara que ya no se puede vivir así, cuando una señora de unos 50 años me mira con bondad y me dice “bueno “mija”, paciencia” ¡¿PACIENCIA?! le dije: señora: acaban de robar el banco y ¿usted me pide paciencia? A lo que ella me respondió: “Sí, robaron, pero ¿qué podemos hacer? Por ahora nada, sino seguir. Señorita, en el mundo hay gente mala, pero los buenos somos más… aunque hagamos menos ruido”. Me quedé sin palabras. Aquella anónima mujer me dijo algo que yo le repito a las personas cada vez que pasa algo: “los buenos somos mas”. Oh… me convertí, ante un momento de crisis, en ántrax, dengue y todo eso. Sí, yo. Yo que tanto creo en transmitir lo bueno, lo positivo, lo alentador. Yo. Una bacteria más, infectando. Mientras pasaba mi entumecimiento momentáneo, llamaron mi número y pasé a que me atendieran. El joven me pedía los papeles y todo el cuento pero yo seguía pensando en que una extraña me había echado un balde de agua fría… pero ¡qué buen balde! Concluí los asuntos del banco y busqué con la mirada el rostro bonachón para agradecerle, comentarle que ella era un eslabón de esos que necesitamos todos, un agente de bien, pero estaba siendo atendida en uno de los escritorios y tuve que partir. Así, sin saber nada de ella. Ese rostro sigue en mi cabeza, es ahora como un símbolo de que todos perdemos el norte en algún momento, pero siempre debemos seguir siendo transmisores de sonrisas y no lamentos, de esperanza, optimismo, horizonte. Y vamos, todos somos humanos, todos tenemos debilidades, pero haga su parte cuando pueda, de a poquito. Algún día, cuando este en un banco quejándose de todo, alguien le regresará el favor.

Comparto con ustedes, estimados amigos, tres videos que considero han tocado la vida de muchas personas (incluyendo la mía) con el deseo de regalarle una sonrisa hoy y que usted luego le regale una a alguien: mas temprano que tarde, espero, muchas personas estarán sonriendo sin razón aparente, pero con todas las razones del mundo en realidad.

Validation (en español)

Campana de abrazos gratis

Baila la vida

¡ SONRÍA! :)

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