Noto con preocupación como cada día las calles de San Cristóbal se atiborran del abominable tráfico que, hasta hace algunos años, pensaba era un mal de las grandes urbes. Sin embargo, ahora nuestra ciudad de la cordialidad forma parte del grupo de ciudades que padecen este terrible mal. Digo terrible y mal porque eso es el tráfico: la gente se altera, grita, comete imprudencias, pierde tiempo y momentos, se frustra… ¡tantas cosas!
No conforme con menguar nuestra calidad de vida, el tráfico desarticula la armonía de este valle que alguna vez fue de auyamas: San Cristóbal envejece. Lo estético se pierde, el desorden reina en las calles, carreras y avenidas. El humo decora los paisajes de la cordillera y la paz andina se esconde tras el ¡BIIIIIIP BIIIIIP! de las bocinas de nuestros automóviles.
Podría seguir con una larga lista de problemas (ejemplificados y todo) que trae este mal. Pero prefiero invertir mi tiempo y el suyo, que generosamente me lee, en proponer soluciones o al menos atreverme a opinar en algunas decisiones sencillas que al tomar cada día, todos nosotros, tal vez ayuden a curar un poco este achaque.
Los trapos sucios se lavan en casa y si usted no sabe esto, querido lector (o lectora), usted no es venezolano (o venezolana). Por eso permítame participarle que usted, al igual que yo, es parte de la enfermedad. Usted, yo, su vecino, el transportista, el motorizado, el peatón, la ruta universitaria y el camión de las mudanzas: sí, todos somos parte del problema. Porque… ¿cuál es el ADN del tráfico si no los automóviles? Así, se me ocurre, es posible que la tan buscada solución este en la formulación del problema mismo (mismo, no mesmo). ¿Y si nos educamos? ¿Y si somos conductores responsables que respetan las normas? ¿Y si somos peatones sensatos? Algo tiene que mejorar, ¿no? Tal vez, ante tanta ética, educación y conciencia ciudadana, los gobiernos se dedicarían con mas esmero en proporcionar y asegurar el buen funcionamiento de las vias y servicios de transporte público.
De manera que mi propuesta se divide en tres partes:
A usted querido conductor de automóvil personal o familiar, le recomiendo algo sencillo: siga las normas básicas de tráfico. Fácil, ¿no cree?: deténgase en rojo, respete el rayado peatonal (porque usted también tiene un cuerpo que valora y quiere mantener lo mas a salvo posible), utilice las luces de cruce (no es casualidad que el automóvil las tenga, no vaya a pensar mucho menos que sirven de decoración navideña, ¡NO!, ellas tienen su razón de ser), ceda el paso de vez en cuando (no empobrece ni enriquece a nadie), respete los límites de velocidad (mire que si fuese apto para la formula uno, no tendría mucho tiempo libre para leer estas palabras ;) ), en fin: sea un buen conductor. Para lograr una ciudad mas descongestionada, usted debe (sí, debe, con compromiso), ser parte de la solución porque, querido lector (o lectora… *suspiro*), es parte del problema.
En el ámbito del transporte público, es necesaria la ayuda de los entes que administran, en nuestro nombre, la ciudad. Creo que una forma muy sencilla pero efectiva de comenzar a resolver el problema de los autobuses es darle un nombre a cada parada: los puestos de espera de autobuses deben estar identificados: La Tinaja, UNET, Esquina del Recuerdo, Carrera 20 con calle 22, qué se yo: Nombres. Por otro lado los autobuses y derivados deben detenerse para dejar y recoger pasajeros SOLO en dichas paradas. De lo contrario, serían multados. De esta manera se comienzan a crear rutas fijas que se cumplen y a futuro se convierten incluso en paradas con una hora establecida. (El bus pasa por la parada La Tinaja cada 20 minutos) y como bono: nace una conciencia en la colectividad y en los transportistas. Las cosas que funcionan bien se respetan y cuidan mejor ¿No suena fantástico?
Finalmente, admirado, luchador incansable y amigo: peatón. Tiene usted en sus manos una de las tareas mas grandes dentro de esta cadena de buenas y educadas acciones en el acontecer sancristobalense. Al caminar por el laberinto del núcleo urbano, ¡valórese!: no se cruce las calles y avenidas a mitad de camino, llegue a la esquina respectiva y haga uso de las enormes rayas blancas que sirven de alfombra a su distinguido paso. Camine por las aceras, respete los jardines e islas y, por favor, pase el testigo y eduque a sus familiares para que actúen, al igual que usted, como buenos ciudadanos. Ahora, si es usted usuario del transporte público, es más simple: ¿tiene que caminar media cuadra más para tomar el bus o para llegar a su destino final? ¡hágalo!: le recuerdo que se aprende a caminar de chiquito, es gratis y no tiene contra-indicaciones para la salud.
Junto al aporte de cada sector, pienso que se podría agregar un esfuerzo conjunto de los mencionados entes públicos para construir, habilitar o designar estacionamientos a distancias “caminables” de las áreas mas transitadas de la ciudad: una ama de casa que debe ir al centro de San Cristóbal a pagar los servicios públicos o comprar los útiles escolares, un ejecutivo cuya oficina se encuentra en plena séptima avenida, un estudiante o un mensajero, pueden dejar su medio de transporte allí (con su debido pago) y caminar hacia sus respectivos destinos. Esto daría paso a un casco céntrico libre de vehículos estacionados que entorpecen el libre flujo de tránsito.
Al conocer ciudades, ha llamado mi atención que lo mas representativo en el orden, equilibrio y estabilidad de cada una, es el transporte. Berlín, por ejemplo, es unas 8 veces mas grande que París: ¡una ciudad realmente gigante! y tiene el sistema de transporte mas espectacular que he visto en mi existir: su estación central y cuatro núcleos más en el eje norte-sur y este-oeste, completan el nódulo de transporte más grande de Europa. Una ciudad que vivió guerras, holocaustos, muros y destrucción. ¿Cómo es posible que en una ciudad de unas cuantas avenidas no se puedan resolver estos problemas? Y, sin buscar motivos y razones (mas bien excusas) de por qué allá sí y aquí no, es tiempo de sumar esfuerzos y protagonizar el “queriendo podemos”, bien decía John Winston Ono Lennon: “Puedes decir que soy un soñador, pero yo no soy el único. Espero que algún día te unas a nosotros y el mundo será uno”.
Posdata: he enviado un texto similar varias ocasiones a las páginas de redes sociales de la alcaldia del municipio San Cristóbal, al no tener respuesta o comentarios, pienso que no ha sido leido. Me gustaria me ayude con la divulgación del mismo para que llegue a los ojos de quienes puedan colaborar.


